Este es nuestro espacio. En él podemos reflejar algunos de los aspectos trabajados en la materia, expresar nuestras ideas sobre los temas tratados y añadir nuestras aportaciones a esos y otros temas. Podemos también compartir nuestras creaciones literarias.
domingo, 6 de octubre de 2013
Xisco Fernández Jover. La mujer en Francia (años 80) Xisco Fernández Jover História Borges Corrían los años 80. Vivía en la grandiosa ciudad de París. Iba a cumplir los 34 años ese mismo mes de Diciembre. Pero dejadme que os cuente un poco sobre mi vida. Tenía una casa muy grande con vistas a la gran torre Eiffel, mi mansión vadeaba el precioso río Loira. Poseía un buen monovolumen .Trabajaba de Ministro en el gobierno francés, trabajo que me gustaba por una serie de razones; la primera de todas ellas era por que no hacía absolutamente nada que requiriese demasiado esfuerzo, y si algo necesitaba varias horas de trabajo ¡se lo podías encargar a uno de los muchos funcionarios del Ministerio! La segunda razón era que no trabajaba más de veinticinco horas por semana. La última razón, probablemente, la que más me gustaba, era que cobraba mucho, es más, muchísimo dinero. La gente que me conocía poco me tenían mucha envidia por que pensaban que tenía todo lo que un hombre hubiese deseado tener. Pero se equivocaban, por completo. Era verdad que vivía rodeado de comodidades y lujos, pero los que me conocían bien, que se podían contar con los dedos de una mano, sabían que mi vida no era como todo el mundo creía. No tenía novia, ni ninguna mujer que me quisiese de verdad por que era bastante feo. Pero lo peor de todo es cuando las mujeres se enamoran sólo por mi fortuna. Todas se hacen las interesadas cuando saben la fortuna que tengo. Y yo, al principio, creo que se enamoran de mí y me hago falsas esperanzas, pero al final me acabo dando cuenta de que lo único que quieren es mi dinero. Mi mejor amigo Robbert, Ministro también, me llevó un viernes por la noche a un prostíbulo. A mi no me apetecía salir y como todos los viernes me hubiese quedado en casa ahogando mis penas en alcohol. Aquel burdel me iba a cambiar la vida por completo, aunque no lo sabía. Antes de llegar le pregunté: -Robbert, ¿tú no estás casado? -Sí, por desgracia sí. -Entonces ahora solo voy a pedir servicios yo, ¿verdad? -Ni de broma, sí solo queda una prostituta va a ser para mí. Mi mujer al igual que todas, decía Robbert, solo sirven para una cosa, servir al hombre y lo que yo haga, a mi mujer no le tiene que importar para nada. Es más, debería estar contenta por que se ha casado con uno de los mejores hombres de todo París. -Yo creo que te equivocas, le respondí. La mujer es una persona, al igual que el hombre y debería tener exactamente los mismos derechos, iguales que los tuyos, los míos y los de el presidente, por ejemplo. -Mira, cállate, que no quiero acabar mal, me dijo Robbert. Solo quiero sentir un poco de placer y pasarlo bien esta noche. Además, como tu cumpleaños es dentro de 3 días, te voy a invitar esta noche. -Gracias Robert, pero no hace falta. -Insisto en ello. Al llegar, Robbert le dijo a la madame: para mi las de siempre y para mi amigo ponle a Carla. La madame nos acompañó a unas habitaciones, una para cada uno claro. Solo tuve que esperar dos minutos para que una mujer alta, treinta y tantos, bella, tenía el pelo muy oscuro, casi negro, unos grandes ojos verdes, una chica preciosa. Entró, no dijo nada, se me acercó y trabajó. Era la segunda vez que hacía el acto sexual en mi vida, la primera me dijo que me quería pero era mi dinero a quien quería de verdad. Al acabar se vistió y se fue sin decir nada, me pareció ver que se le caía una lagrima al irse. Fui al recibidor a esperar a Robbert. No esperé mas de 5 minutos, vino muy contento. De camino a casa me preguntó de todo, ¿cómo ha ido?¿te ha gustado?,etc. Yo me limitaba a contestar simples monosílabos, mientras pensaba en Carla, me preguntaba si era verdad que había dejado caer una lagrima por su mejilla. Me despedí rápidamente con la excusa de que estaba cansado. Al llegar a casa estuve pensando acerca de lo ocurrido. Pero estaba tan cansado que me quedé dormido en el sofá. Al día siguiente me fui al bar de la esquina a desayunar. Mientras me tomaba mi café con leche se me ocurrió ir a hablar con Carla. Pero solo había una manera de hablar con ella. Tuve que esperar hasta que se hiciese de noche. Fui, al burdel. Hablé con la madame, me condujo a una habitación. Dos minutos después entró Carla, vino hacia mí pero le dije que no quería nada de sexo. Entonces se dirigió a la puerta. Pero yo la retuve y le pregunté que que le pasaba. Se puso a llorar. Me contó que nunca había deseado ser lo que era, pero que nunca tuvo oportunidades de trabajo y así era como se ganaba la vida. Le dije que yo le conseguiría un buen trabajo, no confiaba aun en mí, por eso salió de la habitación. Volví al día siguiente y así todos los días hasta que un día me dijo que no le dejaban trabajar porque era un mundo machista y siempre le decían que no, que era una mujer, que no serviría y que si quería podía hacerse cargo de la limpieza. Estuve reflexionando los dos días posteriores y de hecho Carla tenía razón, todos los puestos importantes estaban cubiertos por hombres. Me dije a mi mismo que iba a cambiar este tipo de racismo. Invertí mi fortuna en crear una asociación para proteger a las mujeres y su derecho civil yo era el director y mi secretaría era Carla que era feliz. Seguía sin tener novia pero al menos tenía un fin universal en mi vida por el que valía la pena luchar. A pesar de todo mi esfuerzo, el gobierno no me apoyó y se siguió creyendo que la mujer era inferior durante bastantes años.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Buen relato... pero ¿qué tiene esto que ver ni con Borges, ni con el tema "infinito", ni con el estilo del relao de Borges ?
ResponderEliminarCorrige errores de ortografía: porque...
Sobre Borges y sus creencias, era muy machista.
ResponderEliminar