domingo, 6 de octubre de 2013

Cuento Borges.
Y ahí estaba yo, tratando de olvidar aquel libro diabólico, lo único que me quedaba de el era aquellos apuntes del libro que tenía en mi cuadernillo.
A cada momento se me venía a la cabeza la idea de volver por el libro, me desquiciaba a cada momento, entonces mis deseos me vencieron y fui por el libro, lo busque y busque pero no lograba encontrarlo, pregunte a la persona encargada de hacer la limpieza y dijo que aquel libro se lo había llevado un hombre algo ya veterano que aparentaba los 56 o 60 años de edad, en mi mete solo pasaba la idea de recuperarlo así que le pregunte ¿Dónde puedo encontrar a aquel señor? Y me respondió eso va a estar algo difícil, le pregunte ¿Por qué? Ella respondió: aquel hombre había dicho que tenía planeado viajar a unas islas en el lejano oriente, que solo estaría unos cinco días en la ciudad, que se quedaba en un hotel por la calle letrado y algo más que no recuerdo, en ese momento salí corriendo como si mi vida dependiera de ello.
Tarde un día en encontrar a aquel hombre pero era muy tarde, el ya iba saliendo para el aeropuerto entonces tome el primer taxi que vi y lo seguí, hasta tome otro avión para seguirlo.
Al llegar a aquellas islas lo primero que hice obviamente fue buscar a aquel señor, tarde unas cuantas horas en encontrarlo en una cabaña cerca del mar, llame a la puerta una y otra y otra ves hasta que por fin salió aquel señor, tenía aspecto de de no hubiera dormido nada y agotado a la vez, le pregunte porque se veía así y no me quiso responder y me cerró la puerta en la cara.
Tengo que recuperarlo, tengo que recuperarlo, solo eso pensaba entonces fui a su cabaña otra vez pero a media noche, observe por la ventana si ya se había ido a dormir, no podía creer lo que veía, aquel hombre estaba sufriendo por el libro de arena, le estaba pasando lo mismo que a mí, decidí entrar por la fuerza, lo agarre y le arrebate el libro por la fuerza, en sus ojos parecía que no tuviera alma, era como si el libro le hubiera drenado el alma, fue cuando decidí arrojarlo al mar para que ya nadie vuelva a sufrir por aquel libro diabólico, en un acto de desesperación aquel hombre salto por el libro al mar, no lo encontré, pero el libro vino flotando hacia mí y parecía que me había escogido a mí para que cuidase de el así que me lo lleve a casa y decidí no volver a apartarme de el ahora que lo había perdido todo solo me quedaba el libro.

Ahora soy solo un vagabundo que vive pidiendo caridad pero con el tesoro del libro de arena, tal ves crean que estoy loco pero díganme ¿ustedes no habrían hecho lo mismo por un libro así? Adiós.

1 comentario:

  1. Bien, va ganando en intensidad hacia el final, buena trama.
    Corrige la ortografía de las letras de algunas palabras y sobre todo los acentos.

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