Todo se suponía que había terminado después de este último
verano, el cual desde aquel suceso no pude olvidar. Para todo el mundo quizá
sea un cuento porque lo creerán imposible, como a mí me gustaría también
creerlo, pero desgraciadamente es verdadero.
Desde que aquel extraño vendedor de biblias aceptó mi
trueque no volví a ser el mismo, ya sé que escondí el libro en la biblioteca
nacional pero aún así no pude dejar de pensar en él, se me ocurrían aspectos que no investigué
sobre él, los cuales me moría de ganas de poder hacer. Pensé que dejándolo allí
y no teniéndolo a mi lado me iba a volver la cordura pero a medida que pasaba
el tiempo me fui dando cuenta que no iba a volver jamás hasta el día de mi
muerte.
Cinco días después de mi hazaña en la biblioteca, me rendí
ante mis deseos y volví a ella. Cuando entré sentí que el libro de arena me
estaba llamando, porque sentía a una fuerza natural llevandome hacia el sótano y
situándome justo delante de él en la estantería, sin dudarlo un momento lo
agarre muy fuerte, tanto que ni siquiera un huracán me lo hubiera podido
arrancar de mis brazos. Luego de eso salí corriendo de ese lugar y me dirigí a
casa.
Una vez en casa, cerré puertas, ventanas y bajé las
persianas, quedando yo y el libro a oscuras en mi cómodo sillón, con la débil
luz que nos oficia mi muy antigua lámpara de pie. Sentado en el sillón me
dispuse a examinar de nuevo mi pequeño gran libro. Lo primero que hice fue
corroborar si la lista que había hecho con los números de las páginas donde
aparecían ilustraciones seguía siendo válida, la cual ya no tenía nada que ver con
ese libro, ahora las páginas no coincidían y además ninguna de las
ilustraciones que recordaba estaba, ahora eran otras totalmente diferentes,
también volví a intentar encontrar la primera o la última pagina, pero otra vez
fallé en mi intento, ya que entre la hoja y la cubierta surgían mas páginas
de la nada.
Después de unos meses encontrando frustrante el análisis del
libro, decidí quemarlo ya que otra vez tenía que terminar con estos
pensamientos que no me dejaban descansar, lo cual no pude conseguir. Al arrojar
el libro sobre mi chimenea, este en lugar de quemarse dejaba caer arena y
apagaba el fuego una vez tras otra. Como la idea del fuego no había funcionado,
opté por colocarlo en mi estantería al lado de un tomo de El origen de la
especies de las especies de Charles Darwin, pero por más que intenté alejarme
lo más posible de ese libro no lo logré ya que siempre pensaba que había soñado
algo de lo que pasaba con él y corría hacia la estantería a comprobarlo, pero por
desgracia siempre me daba cuenta de que no había soñado nada.
Un día, en el mes de enero, programé un viaje
con destino Londres, con el propósito de alejarme y prohibirme poder acercarme
al libro. Al llegar a Londres, fui al hotel y allí empecé a deshacer mi maleta
pero nunca dejando de pensar en el libro que había dejado en casa. Al sacar mi
última camisa me di cuenta de que no me había librado de él, ya que estaba
ahí debajo. Cuando lo vi, sin darme cuenta una gran felicidad me lleno por
dentro, pero no me duró mucho, porque al abrir el libro encontré una frase en
español que decía "nunca te librarás de mí hasta que me busques un nuevo
dueño", esta frase me horrorizó tanto que de inmediato salí del hotel y
entré al primer edificio, toqué al primer timbre que encontré y ...
- Buenos días
- Buenos días señor
El señor me señaló una silla. Tardé en hablar. Exhalaba
melancolía, como el vendedor de biblias que hizo llegar a mis manos el libro de
arena.
- Vendo biblias - le dije.
Por: Jacobo Ocampo Valencia
Por: Jacobo Ocampo Valencia
Bien, buena continuación de la historia.
ResponderEliminarRevisa algunos acentos