domingo, 6 de octubre de 2013

ANA BAUZA


Érase una vez, un pequeño niño de 7 años, llamado Pablo que vivía sumergido en

una continua pesadilla.

Sus padres discutían tarde y noche sin ningún motivo y varias veces se unía su

hermano mayor Juan.

Nuestro protagonista, ya no tenía más recursos a los que acudir para no tener que

escuchar todas las discusiones y peleas que se llevaban a cabo en su casa.

Pablo siempre había sido un niño muy rezagado, callado y tranquilo; de allí viene el

motivo por el cual no podía soportar todo aquel barullo.

Aquella noche, su familia estaba teniendo la discusión más grande que había

escuchado jamás. Desesperado, subió corriendo a su habitación, cogió el primer

libro que encontró y se fue al desván a leer. Se sentó delante de un espejo viejo, en

un sofá polvoriento que sus padres guardaban desde hace años. Empezó a leer y

después de largos minutos leyendo tiene la extraña sensación de que empieza a

caer agua por el espejo, no grandes cantidades de agua, pero sí se podían distinguir

ciertas gotas, que casualmente no provenían y llegaban a ningún sitio. Las veía

caer pero no llegar al suelo. Se levantó curioso y fue a observar la maravillosa

experiencia que estaba viviendo.

Al tocar una de las gotas, Pablo cayó por un eterno túnel, del que pensaba que

nunca iba a salir.

De repente aterrizó en un pequeño lago, alrededor del cuál se podía admirar un

hermoso campo lleno de flores, flores de todos los colores existentes.

Salió del agua y vio que de la rama de un árbol cercano había un sobre que

decía: "Para Pablo. Leer". El niño corrió a coger el sobre, lo abrió y leyó

detenidamente: "Si tu camino quieres encontrar, analiza el deseo que más sueles

pronunciar."

Pablo se puso a pensar. Su deseo más pronunciado era que su familia dejase de

pelearse, pero no veía relación alguna con ningún camino que deba seguir.

Pensó y pensó, hasta que legó a la conclusión de que, con ese deseo, lo único que

deseaba era silencio y tranquilidad.

Empezó a caminar escuchando detenidamente cualquier cosa que se oyera, pero lo

único que podía escuchar era el viento.

Dio vueltas y vueltas alrededor de aquel árbol esperando encontrar la respuesta

a aquella adivinanza tan extraña; hasta que en un determinado punto del árbol, el

viento dejaba de escucharse. Se puso a mirar en aquel punto a ver si encontraba

alguna señal y vio que las flores iban formando un pequeño camino que adquiría

un cierto tono dorado muy brillante. Lo siguió con mucha sutileza hasta llegar a un

laberinto que tenía otro sobre igual que el anterior, lo abrió y comenzó a leer: "Si

este laberinto deseas concluir, en la oscuridad deberás proseguir".

Las paredes de aquel laberinto tenían todo tipo de dibujos, a cada uno más extraño.

Pero aparte de todas aquellas figuras, no encontró nada que se pareciera a un

interruptor o una palanca que apagara las luces. Así que se sentó en el suelo sin

saber que hacer, cerró los ojos para ver si la inspiración mejoraba y, en lo más

profundo de sus pensamientos, aparecieron imágenes del laberinto con unas

flechas brillantes marcadas en las paredes que le indicaban un camino. Se puso en

pie y continuó con su viaje.

Después de dar varias vueltas dentro de aquel inmenso laberinto llega a un

callejón sin salida con una última carta posada en el suelo: "De este reto su final

has alcanzado, por ello una recompensa te has ganado".

Lleno de alegría, se puso a saltar y a gritar. Pero, cuando menos se lo esperaba, el

suelo se abrió y pablo volvió a caer por un túnel igual que el que le había traído

hasta allí, a excepción de que esta vez aterrizó en el sofá viejo del desván de su

casa.

Se levantó lo más rápido que pudo y fue a ver que es lo que había pasado. Sus

padres seguían peleándose y, envuelto en lágrimas volvió corriendo al espejo

para encontrar la manera de volver a aquellas fantásticas tierras y encontrar su

recompensa, que, sin saberlo la recompensa ya la había obtenido. No era ninguna

recompensa física sino una lección de vida: "No se puede huir de los problemas

evadiéndose a una realidad imaginaria, sino que hay que aprender a afrontarlos,

cueste lo que cueste.

1 comentario:

  1. Muy buen estilo en una buena historia. Te recomiendo, si aún no lo has hecho, leer "Alicia en el país de las maravillas". Hay un qué al final al que le falta la tilde y faltan las comillas de cierre, por favor corrígelos.

    ResponderEliminar