-Hasta nunca. –me
dijo.
Y así fue. Nunca
más la vi, ni volví a escuchar nada de ella. Ni una palabra. Fue
como si desapareciese y se hubiese llevado todo con ella.
No quedó nada de
esos besos mojados con sabor a menta, de esos largos paseos por las
calles de Argentina, de esas tardes eternas que pasábamos planeando
un viaje perfecto por otros mundos, otras culturas lejanas,quizás la
India o Escandinavia.
Tampoco quedó nada
de esas horas en la biblioteca donde solíamos perder la noción del
tiempo buscando un libro incluso mejor que el anterior. El cual ella
me leía después con su voz dulce, tenue y soñadora.
Luego siempre discutíamos sobre él durante días e incluso semanas.
De todo eso y más
momentos que vivimos juntos, no quedó nada, absolutamente nada, sólo
mi recuerdo.
Yo, con toda la, aún
ese momento, esperanza de que volvería, pregunté por ella a toda
persona que pasó por mi desconcertada mente:
Pregunte al
bibliotecario de por las tardes:
-No he visto a
ninguna señorita como usted me describe señor. –me dijo bajo sus
gafas de miope.
-No es
posible.-pasábamos aquí tardes enteras. ¡Era
usted quien nos mandaba siempre callar! –le dije atónito.
-Lo siento, pero no
la recuerdo. Ni a ella…ni a usted.
Me di por vencido y
me fui arrastrando los pies por el vestíbulo cual niño enfadado.
Decidí pasar de
camino a casa por la cafetería de la calle Belgrado donde solíamos
pedir la merienda para llevar:
-No sé a quien se
refiere señor.- me dijo amablemente el camarero.
-No se preocupe,
gracias.- le dije viendo como toda mi esperanza se evaporaba.
Totalmente falto de
fuerzas, volví a casa. Trasladé mi cama y mis libros al sótano con
el pensamiento de que si no podría verla a ella nunca más, no
querría ver el mundo exterior tampoco, ya que no tendría nada de
sentido sin ella.
En estos momentos de
la historia, ya no sé si lo que ocurrió fue real o fue sólo un
sueño. Lo que sí sé seguro, es que ella se fue tal como vino,
llevándose mi corazón.
Por: Luisa Casas.
El relato está bien, pero el tema se ha perdido, ¿recuerdas, el tema era "el infinito"? Buena utilización de estilo directo e indirecto.
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