viernes, 13 de enero de 2012

Sinestesias Sergio

Sinestesias


Bajo un furioso oleaje vagaba un barco buscando su destino. En este caso, dirigido por seis fornidos pescadores. Debido a una tormenta demasiado gris, su barco sufrió grandes estragos; tantos, que ni el motor, ni la radio funcionaba. Estaban totalmente incomunicados y en medio de las gélidas aguas del Océano Atlántico. Aún así, no era el fin del mundo, gozaban de gasolina suficiente para disponer de calefacción una semana, agua dulce y que le voy a decir sobre la comida, 240 kg de pescado congelado en la bodega. Además, se situaban en una zona donde solían abundar los bancos de peces, por lo que otras embarcaciones se acercarían y así podrían rescatar y llevar a puerto a los amargos pescadores.

Al tercer día tras el accidente, comenzaba la desesperación. Estaban nerviosos, cansados de hacer turnos y hasta tenían miedo de que algún monstruo marino entrase en la embarcación semidestruida y se los comiese. Se debía al apagado ocio del que disponían, no tenían nada más que una baraja de naipes con su mitad totalmente ilegible.

Al quinto día avistaron una embarcación de salvamento marítimo, habían sido localizados. Gracias a la dulce confianza que tenía uno de los pescadores con su mujer se creó un plan de rescate. La bonita costumbre de hablar con la familia lejana todos los días sin falta, tuvo su fruto.

Sergio

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