El pasado fin de semana, comprendiendo los días 1, 2 y 3 de
marzo, los alumnos de literatura universal de segundo de bachillerato,
visitamos la ciudad de Dublín, con el motivo de pisar las huellas que han
dejado grandes literatos irlandeses en las calles y museos de Dublín.
Visitamos museos y edificios emblemáticos pero yo voy a centrarme en las calles dublinesas, en todo aquello que hemos visto dando nuestros largos paseos. Es una ciudad pequeña, ninguno de nosotros la imaginábamos así, pero quizá esto también forme parte de su encanto.
Algo que nos sorprendió al pasear por esta amplia avenida
fue la cantidad de símbolos religiosos que nos encontramos, como santos en la
plena calle o tiendas dedicadas exclusivamente a Cristos, Vírgenes y Santos. De
este modo nos dimos cuenta de la importancia religiosa de esta ciudad, una
muestra de la historia que ha marcado al país a lo largo de los años.
Esa noche dimos una vuelta por la zona del Temple Bar, al
otro lado del río. Pudimos comprobar que en este barrio se concentra la vida
nocturna de la ciudad, repleto de bares y restaurantes y gente de todas las
edades saliendo a divertirse. Es una zona muy atractiva, no solo por su agradable
ambiente sino por la belleza de sus bares y demás edificios. Entramos en uno de
ellos, tan solo para curiosear y escuchar la música en vivo que allí sonaba.
El día siguiente, nos adentramos en la Grafton Street, una calle comercial que nace muy próxima al Trinity College. En el comienzo de esta, nos topamos con la estatua de Molly Malone, otro de los símbolos de la ciudad. Es un personaje de una de las canciones más conocidas del folclore irlandés. En ella se le presenta como una mujer que trabajaba como pescadera de día y como prostituta de noche.
Esta calle es quizá la que más me gusto de Dublín; la
encontré muy animada, no solo por las numerosas tiendas abiertas y la cantidad
de gente paseando a lo largo de esta, sino también por la música en vivo que
ambientaba el lugar. Nos paramos a escuchar a varios grupos que tocaban,
algunos de ellos muy buenos. En esta calle se encuentra también uno de los
cafés más antiguos y bonitos de la ciudad: el “Bewley's Oriental Cafes”.
Visitamos también la “Merrion Square” para ver de cerca la
estatua de Oscar Wilde en memoria suya. Me pareció muy original, tanto por la
expresión de la cara de Wilde como su postura y policromía. Se encuentra
mirando a su casa de nacimiento y dicen que iba a este parque a meditar.
Todos nosotros volvimos contentos del viaje, vimos más a fondo los autores que ya habíamos estudiado en clase y nos lo pasamos muy bien juntos. Fue sin duda un viaje que merecía la pena hacer.
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