miércoles, 13 de marzo de 2013

Viaje a Dublín 2013


El pasado fin de semana, comprendiendo los días 1, 2 y 3 de marzo, los alumnos de literatura universal de segundo de bachillerato, visitamos la ciudad de Dublín, con el motivo de pisar las huellas que han dejado grandes literatos irlandeses en las calles y museos de Dublín.

Visitamos museos y edificios emblemáticos pero yo voy a centrarme en las calles dublinesas, en todo aquello que hemos visto dando nuestros largos paseos. Es una ciudad pequeña, ninguno de nosotros la imaginábamos así, pero quizá esto también forme parte de su encanto.

 El primer día nos acercamos al río Liffey, que separa la ciudad en dos bloques. Dimos un paseo a lo largo de este y cruzamos uno de sus puentes para adentrarnos así en la calle principal de Dublín,  O'Connell Street, amplia y donde se concentran importantes edificios como la Oficina de Correos y el Monumento de la Luz, una larga aguja de acero de aproximadamente 120 metros, ocupando el lugar en el que anteriormente se encontraba la Columna de Nelson. Muy próxima a este gran monumento nos encontramos con la estatua de James Joyce, uno de los escritores irlandeses más destacados mundialmente.

Algo que nos sorprendió al pasear por esta amplia avenida fue la cantidad de símbolos religiosos que nos encontramos, como santos en la plena calle o tiendas dedicadas exclusivamente a Cristos, Vírgenes y Santos. De este modo nos dimos cuenta de la importancia religiosa de esta ciudad, una muestra de la historia que ha marcado al país a lo largo de los años.

Esa noche dimos una vuelta por la zona del Temple Bar, al otro lado del río. Pudimos comprobar que en este barrio se concentra la vida nocturna de la ciudad, repleto de bares y restaurantes y gente de todas las edades saliendo a divertirse. Es una zona muy atractiva, no solo por su agradable ambiente sino por la belleza de sus bares y demás edificios. Entramos en uno de ellos, tan solo para curiosear y escuchar la música en vivo que allí sonaba.

El día siguiente, nos adentramos en la Grafton Street, una calle comercial que nace muy próxima al Trinity College. En el comienzo de esta, nos topamos con la estatua de Molly Malone, otro de los símbolos de la ciudad. Es un personaje de una de las canciones más conocidas del folclore irlandés. En ella se le presenta como una mujer que trabajaba como pescadera de día y como prostituta de noche.

Esta calle es quizá la que más me gusto de Dublín; la encontré muy animada, no solo por las numerosas tiendas abiertas y la cantidad de gente paseando a lo largo de esta, sino también por la música en vivo que ambientaba el lugar. Nos paramos a escuchar a varios grupos que tocaban, algunos de ellos muy buenos. En esta calle se encuentra también uno de los cafés más antiguos y bonitos de la ciudad: el “Bewley's Oriental Cafes”.

Visitamos también la “Merrion Square” para ver de cerca la estatua de Oscar Wilde en memoria suya. Me pareció muy original, tanto por la expresión de la cara de Wilde como su postura y policromía. Se encuentra mirando a su casa de nacimiento y dicen que iba a este parque a meditar.

Todos nosotros volvimos contentos del viaje, vimos más a fondo los autores que ya habíamos estudiado en clase y nos lo pasamos muy bien juntos. Fue sin duda un viaje que merecía la pena hacer.



 

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