sábado, 26 de enero de 2013

Un viernes inesperado



Naira sale temprano y rápido de casa, como todas las mañanas en las que tiene que ir al instituto, solo que hoy llega especialmente tarde. Al cerrar la puerta y sentir un frío estremecedor en sus manos se da cuenta, inevitablemente, de que se ha olvidado sus fieles guantes en el interior de la casa. Decide no entretenerse más y opta por la solución de introducir las manos en los bolsillos, tras ello se pone a correr. Cuando llega a la estación de metro se mete precipitadamente en un abarrotado vagón del tren que está a punto de partir, tiene cierta dificultad para entrar porque no hay apenas sitio, al hacerlo,  sin pensárselo dos veces saca los cascos, cierra los ojos y empieza a murmurar la animada canción que está escuchando. Esta es su manera de volar, de evadirse de la realidad en la que se encuentra, agobiada y apretada entre una multitud de gente desconocida. Cuando siente que tiene más espacio, que el vagón se ha vaciado, abre los ojos y, para su gran sombro, ve a aquel atractivo chico que tanto le había llamado la atención meses antes.  Tras el tiempo transcurrido su imagen había ido difuminándose paulatinamente en su mente, solo guardaba un confuso recuerdo de su gran estatura, de su ancha espalda, de su pelo brillante de un color negro carbón y de su cara angelical.  Sin embargo, la percepción de sus ojos había quedado intacta, eran de un azul verdoso profundo y, al mirarlos, tenías la impresión de encontrarte en medio del paraíso, bajo los frondosos árboles verdes, observando un azulado y hermoso lago cuyo horizonte parecía infinito. Esta sensación se repite, seguida de un repentino escalofrío que le recorre todo el cuerpo, y unas ganas inmensas de sonreír,  pensando en las sorpresas que puede aguardar un día empezado con mal pie. De hecho lo hace, sonríe tímidamente y, como atraída por una fuerza sobrenatural, lo mira sutilmente. Sus miradas coinciden, él la observa intensamente, sin miedo a ser descubierto y le devuelve la sonrisa, una sonrisa atrevida y sugerente. Como consecuencia, ella alcanza el estado de nirvana, una felicidad que la supera, un estado culminante que nunca antes había experimentado. Él saca un papel de su mochila, escribe algo y, antes de salir del vagón, se lo da a Naira diciéndole adiós. Esta se queda perpleja, su asombro le impide abrir el papel que había sido cuidadosamente doblado y, por el contrario, lo aprieta con todas sus fuerzas y se lo lleva al pecho, en un intento de transmitir a su corazón cualquiera que sea el mensaje. Al alzar la mirada hasta donde se encontraba minutos antes el perfecto desconocido, se da cuenta de que el metro ha parado en su estación. Al salir tranquilamente, sin prisa alguna, al son de aquel adiós que había pronunciado una voz entrañable, continúa caminando para adentrarse en Portobello Road, en un mercadillo colorido y animado que ella siente más lleno de vida que cualquier otro viernes.

1 comentario:

  1. Bien, pero... las características del Realismo y Naturalismo que había que practicar ¿dónde están?

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