Amanecía el
último viernes de febrero. Ladbroke Grove Station estaba tan transitada como
siempre. Charlie se levantaba una vez más entre cartones, barro y niebla
producida por el humo de los coches. La mañana era gris y lluviosa y las
grietas del puente provocaban goteras. La mayoría de los transeúntes eran los
habituales empresarios emperifollados con sombrero y chaqué que al caminar
salpicaban con sus puntiagudos zapatos. Reinaba una especie de discreta
alegría. Charlie se incorporaba como cada mañana apoyándose en sus sucias manos
y en la botella de Whisky de la última noche. Comenzó a andar desequilibradamente
dirigiéndose al bar “L´assommoir” en el 80 de Dalgarno Gardens. Sus pies
descalzos tropezaban con las baldosas agrietadas de la calle principal.
Comenzaba a llover intensamente y su
rasgada gabardina siempre acompañada de su negro sombrero pesaba cada vez más.
Charlie llego finalmente a L´assommoir, con un aspecto exterior degradado y
dominado por las mugrientas enredaderas. Las ventanas tenían los cristales
destrozados por los que salían grandes nubes de humo del interior. Se adentró
en el bar empujando la anticuada puerta de madera. El bar estaba completamente
lleno, se hablaba en un tono de voz muy alto y había un desagradable murmullo.
Todos los presentes, con las manos cruzadas sobre la tripa, sujetaban indecisos
sus vasos de alcohol formando pequeños grupos, pegados unos a otros. En el
aire dominaba una mezcla de humo de pipa
y el fuerte olor que desprendían los hombres, con el ambiente cargado de
alcohol. En ese mismo instante, Charlie comenzó a toser fuertemente cuando se
oyeron algunas voces:
“¡Qué malo es beber”! – Añadió un
obrero.
En este bar,
eran muy típicas las peleas por el nivel de alcohol que dominaba el ambiente.
Charlie, encontró aquí un motivo para comenzar una pelea con los obreros que llevaban
su mono de trabajo, negro como el hollín y entre sus labios, cigarros baratos.
Se intercambiaron insultos hasta que el conflicto llegó a más. Se desató
entonces una disputa en todo el bar, en un ambiente gris y oscuro por el humo.
La discusión terminó en masacre de la cual Charlie salió moribundo.
Emprendió su
camino de retorno a Ladbroke Grove, con un paso muy poco firme y completamente
ensangrentado. La noche caía y las calles estaban cada vez menos transitadas.
Charlie llegó por fin al puente donde se estableció de nuevo entre sus cartones,
envuelto en una mezcla de sudor y lluvia para descansar. A la mañana siguiente
no pudo apoyarse en su botella de Whisky para levantarse, tras esta oscura
noche, Charlie nunca más despertó.
Gran relato... ¡muy bien por los Realistas del s. XXI!
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