jueves, 24 de enero de 2013

Charlie Zola


Amanecía el último viernes de febrero. Ladbroke Grove Station estaba tan transitada como siempre. Charlie se levantaba una vez más entre cartones, barro y niebla producida por el humo de los coches. La mañana era gris y lluviosa y las grietas del puente provocaban goteras. La mayoría de los transeúntes eran los habituales empresarios emperifollados con sombrero y chaqué que al caminar salpicaban con sus puntiagudos zapatos. Reinaba una especie de discreta alegría. Charlie se incorporaba como cada mañana apoyándose en sus sucias manos y en la botella de Whisky de la última noche. Comenzó a andar desequilibradamente dirigiéndose al bar “L´assommoir” en el 80 de Dalgarno Gardens. Sus pies descalzos tropezaban con las baldosas agrietadas de la calle principal. Comenzaba a llover intensamente  y su rasgada gabardina siempre acompañada de su negro sombrero pesaba cada vez más. 

Charlie llego finalmente a L´assommoir, con un aspecto exterior degradado y dominado por las mugrientas enredaderas. Las ventanas tenían los cristales destrozados por los que salían grandes nubes de humo del interior. Se adentró en el bar empujando la anticuada puerta de madera. El bar estaba completamente lleno, se hablaba en un tono de voz muy alto y había un desagradable murmullo. Todos los presentes, con las manos cruzadas sobre la tripa, sujetaban indecisos sus vasos de alcohol formando pequeños grupos, pegados unos a otros. En el aire  dominaba una mezcla de humo de pipa y el fuerte olor que desprendían los hombres, con el ambiente cargado de alcohol. En ese mismo instante, Charlie comenzó a toser fuertemente cuando se oyeron algunas voces:

            “¡Qué malo es beber”! – Añadió un obrero.

En este bar, eran muy típicas las peleas por el nivel de alcohol que dominaba el ambiente. Charlie, encontró aquí un motivo para comenzar una pelea con los obreros que llevaban su mono de trabajo, negro como el hollín y entre sus labios, cigarros baratos. Se intercambiaron insultos hasta que el conflicto llegó a más. Se desató entonces una disputa en todo el bar, en un ambiente gris y oscuro por el humo. La discusión terminó en masacre de la cual Charlie salió moribundo.

Emprendió su camino de retorno a Ladbroke Grove, con un paso muy poco firme y completamente ensangrentado. La noche caía y las calles estaban cada vez menos transitadas. Charlie llegó por fin al puente donde se estableció de nuevo entre sus cartones, envuelto en una mezcla de sudor y lluvia para descansar. A la mañana siguiente no pudo apoyarse en su botella de Whisky para levantarse, tras esta oscura noche, Charlie nunca más despertó.  

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