13 de agosto de 1511
Es increíble lo rápido que actúa la gente cuando se trata de
seguir órdenes dictadas por el rey. Hace
apenas una semana que me llego el
comunicado de la reina Catalina y hemos desembarcado en el puerto de Plymouth esta
misma mañana.
En esta ocasión
cuento con la ayuda del padre Cesar y del padre Carlos y también nos acompañan dos novicios que llevan todo el año en nuestro
monasterio, son Francisco y Juan.
Por lo visto, Enrique VIII está padeciendo unas extrañas alucinaciones
y toda la corte solicita nuestra ayuda para que tratemos de descubrir a qué se
debe y si se puede hacer al respecto. Para nuestra sorpresa, al llegar hemos descubierto
que estos efectos relacionados con los espejismos y las alucinaciones se han
contagiado a más miembros de la corte.
La reina está realmente asustada por todo lo que esta ocurriendo y además teme
por la vida de su marido, y nos ruega con ojos vidriosos que hagamos algo
rápido.
Al principio se trataba solo de sensaciones, de sombras, pero poco a poco los afectados empezaron a ver
espectros paseándose por los salones, imágenes que gritaban o hablaban en un
idioma desconocido.. Algunos afirman que toda la corte está endemoniada.
14 agosto 1511
Lo primero que solemos hacer en este tipo de casos es
investigar uno a uno a los miembros más vinculados al rey. Pero en el momento
en el que hemos intentado hablar con el cocinero del palacio, nos han
comunicado que ha sido hallado muerto en la cocina y en extrañas circunstancias.
No se han encontrado
ningún tipo de heridas, manchas o huellas, todo está impecable. La muerte
natural es improbable pero no quedará descartada hasta que el padre César no
examine el cadáver tanto por fuera como por dentro.
15 agosto 1511
Es extraño que cada vez que queremos investigar a alguien,
este aparezca muerto sin ninguna huella o síntoma de muerte violenta. Y lo digo
porque ya es la tercera muerte en tan solo un par de días.
Lo que comenzó como
una investigación médica sobre el estado de salud del rey ha desembocado en
una serie de misteriosas defunciones, posiblemente
provocadas por un asesino despiadado que actúa con cautela, sigiloso, con una
destreza inhabitual y conocedor de los rincones más ocultos del palacio de Hampton
Court.
Os podéis imaginar el
clima aquí en el palacio. Tristeza, desolación, pero sobre todo miedo
irracional a las horas de las comidas porque parece que es el momento preferido
por los espectros para hacer su aparición.
Luego la gente huye a refugiarse y a rezar por sus vidas y por las de
sus familiares. La reina está casi tan segura como yo de que hay un asesino entre nosotros y me anima a seguir buscando al
culpable de todo lo ocurrido, pues confía en que lo lograremos. Yo, en cambio,
he perdido mi positivismo característico ante un asesino que no deja ninguna
huella.
16 agosto 1511
Si ayer el ánimo de
la corte del rey Enrique VIII estaba por los suelos, todo eso se ha trasladado
también a nuestro grupo de monjes, pues Juan, el más joven de nuestros compañeros, ha aparecido muerto en su cama esta mañana. A
pesar de que lo que sabemos del asesino es poco o nada, yo ya tengo mis
sospechas: tiene que estar muy vinculado al rey porque los sitios donde
aparecen los cadáveres no están al alcance de todos.
Todos temen por la
muerte del rey, pues muchos opinan que todos los asesinatos son formas de ir
avanzando hasta acabar con él. Yo, en cambio, temo por toda la corte y por mis
compañeros, ya que cualquiera podría ser el siguiente, pero en especial por la
reina, que lleva varios días enferma.
17 agosto 1511
Me paso noches en vela intentando buscar la relación que
puede existir entre las distintas muertes: el cocinero, el mensajero, el
novicio y ahora la doncella de la reina. Algo debe de haber en común. Le he comentado
al padre Carlos mi última sospecha: en la corte hay un camarero que lleva unos
cuantos días actuando de forma extraña, como nerviosa. El padre Carlos opina
que no puedo basarme en juicios tan subjetivos para llegar a conclusiones
objetivas. Yo le he dicho que no estoy insinuando que un joven aprendiz de 14
años sea el asesino (aunque podría serlo perfectamente) pero quizás esté
involucrado. Por eso, mañana a primera hora acudiré en su búsqueda.
18 agosto 1511
Pensaba que me había equivocado en mis sospechas hasta que
cuando estábamos despidiéndonos tras un corto interrogatorio ha confesado lo que había visto hace dos noches
mientras preparaba la mesa para la cena.
Al volver de la
cocina vio al primer ayudante del rey y su hombre de confianza ,Roderic, acercándose sigilosamente a las copas que se servirían en
el banquete de esa misma noche y rociaba algún tipo de brebaje sobre ellas. La
verdad es que no entiendo como no he podido sospechar antes de alguien como
Roderic: no bebe en las comidas justificándose con que está padeciendo
problemas estomacales, apenas sale del palacio, se retira muy temprano de la
cena, siempre con excusas distintas. Sería injusto acusar demasiado pronto, sin
alguna prueba más consistente, y por eso no pienso quitarle ojo de encima hasta
encontrar algo que confirme mis sospechas.
19 agosto 1511
Una vez más, me siento orgulloso del trabajo que ha hecho
todo mi equipo. Han sabido soportar la muerte de un compañero, un clima de
miedo que nos dejaba a todos sin aliento y a pesar de todo eso hemos logrado
nuestra doble misión: hemos descubierto al asesino y eso puede explicar las alucinaciones
del rey.
Roderic trataba de hacer creer a todos que el rey estaba
loco, y para ello utilizaba un compuesto que echaba en su comida y bebida. Se
le fue bastante de las manos en el momento en el que se equivocaba de copa o de
plato. Pero si alguien le descubría, lo
apartaba de su camino acabando con su vida, porque su deseo último era echar a
Enrique VIII del trono.
Él mismo me ha
confesado todo esto en su interrogatorio, y después ha explicado que tuvo que
matar al cocinero porque le descubrió echando el brebaje en la sopa del rey,
como el jardinero encontró las plantas que cultivaba para tal brebaje, que le
llegaron las semillas por correo del norte del país y el mensajero sospechó
sobre que haría con ellas. Tanto el novicio como la doncella le descubrieron
yendo a altas horas de la noche a la cocina.
Recuerdo la muerte de Juan con
gran dolor, pero ya nada podemos hacer, más que asegurarnos de que Roderic sufre
la condena que merece y volver a Aragón para reponernos de este mal trago.
No hay comentarios:
Publicar un comentario