miércoles, 10 de octubre de 2012

La misteriosa maleta


La misteriosa maleta

Ya estaba subido al rápido del andén seis, estaba cansado, pero no podía dormirme ya que no sabía cual era mi destino. El rápido hizo su primera parada, y en un cartel a lo lejos, casi invisible por la niebla, pude leer “Estación de Zuera”. Nadie bajó ni subió del tren, y yo me decidí a continuar en mi desgarrado asiento.
Al rato, me dormí involuntariamente y noté como una persona me daba codazos para intentar despertarme, entreabrí los ojos y vi el rostro de un hombre de mediana edad, con sombrero y gabardina. Éste me dijo:

-          Me envía el comisario Gorin, debes seguir al pie de la letra todas las indicaciones que están escritas en esta nota. Sé discreto, buenas noches.

El hombre se alejó de mí y no me dijo nada más. Abrí la nota, era un papel sucio, con manchas negras con forma de dedo y una caligrafía mala, con muchas faltas de ortografía. En mi opinión, no podía estar escrito por el comisario Gorin, pero comencé a leerla.

Estación de Fuendetodos, un automóvil de color negro le estará esperando. Al bajar del automóvil recibirá mas indicaciones.”

¿Qué iba a hacer? No sabía a dónde me llevaba este tren así que decidí  seguir las instrucciones de la nota. Pregunté a un controlador el número de paradas que quedaban para “Fuendetodos”, y éste respondió que 5, unos 25 minutos.  Volví a dormirme un poco, pero por suerte me desperté con la voz de:

                “Próxima parada, estación de Fuendetodos”

Por fin llegué a Fuendetodos, estaba algo nervioso, pero cogí mi maleta y bajé del tren. Ahí estaba el “automóvil” de color negro esperándome, en realidad, era un taxi. Metí la maleta en el capó, me adentré, y el conductor me dijo:

-          Ya sé su destino y está todo pagado. Siéntese y duerma.

La verdad es que el conductor tenía razón, era la una de la madrugada, y me había pasado todo el día viajando, estaba cansado y necesitaba dormir.
 Tras dormir alrededor de dos horas, me desperté y todavía estaba en el taxi y le pregunte al conductor:

-          Disculpe, ¿cuánto queda para llegar?
-          Unos minutos, en nada ya estamos.

La noche era muy cerrada y había una intensa niebla, no podía ver dónde estaba pero si podía escuchar el ruido de algunos camiones y ver luces dispersas que parecían linternas.  El taxista me dijo que ya habíamos llegado. Y me dio él mismo otra nota que decía:

                               “Dirígete a las oficinas de la mina”

Bajé del taxi y pude ver una gran mina, lo que daba sentido a que la nota tuviese manchas negras, eran de carbón. Cogí mi maleta y me dirigí hacia las oficinas. Al llegar, un mayordomo me indicó a qué despacho tenía que ir. Entré, y vi a un hombre trabajando delante de su ordenador.

-          Por favor, siéntese –me dijo
-          Sí, muchas gracias.
-          Bueno, supongo que no sabrá porque está aquí, ¿no?
-          Así es –contesté
-          Soy el compañero de Jan, lo mataron ayer y por eso no pudiste entregarle la maleta.
-          Ah! Si, me lo dijo ayer el comisario Gorin. ¡Que gran desgracia! Pero, ¿Qué lleva esta maleta para que tanta gente vaya detrás de ella?
-          No te lo puedo decir, tú dámela y márchate.
-          No me pienso marchar de aquí hasta que no me diga qué contiene –contesté yo
-          No me obligue...
-          ¿A qué?

¡PUM!, escuché un fuerte disparo, disparo por la espalda, pensé. Se me comenzaron a nublar los ojos, y en ese poco espacio de tiempo vi como el director de la mina, sacaba del doble fondo de la maleta kilos y kilos de cocaína. Total, yo había sido un pobre transportista de droga sin saberlo, droga que era utilizada para proporcionársela a los mineros. Negocio, en el cual hasta la policía estaba involucrada.
Finalmente me desplomé sobre el suelo y pasaron unos segundos hasta que mi corazón paró de latir.
                            
   Jorge Fco. Martín Cavero
2ºBach. Literatura Universal 

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