La misteriosa maleta
Ya estaba subido al rápido del andén seis, estaba cansado,
pero no podía dormirme ya que no sabía cual era mi destino. El rápido hizo su
primera parada, y en un cartel a lo lejos, casi invisible por la niebla, pude
leer “Estación de Zuera”. Nadie bajó ni subió del tren, y yo me decidí a
continuar en mi desgarrado asiento.
Al rato, me dormí involuntariamente y noté como una persona
me daba codazos para intentar despertarme, entreabrí los ojos y vi el rostro de
un hombre de mediana edad, con sombrero y gabardina. Éste me dijo:
-
Me envía el comisario Gorin, debes seguir al pie
de la letra todas las indicaciones que están escritas en esta nota. Sé
discreto, buenas noches.
El hombre se alejó de mí y no me dijo nada más. Abrí la
nota, era un papel sucio, con manchas negras con forma de dedo y una caligrafía
mala, con muchas faltas de ortografía. En mi opinión, no podía estar escrito
por el comisario Gorin, pero comencé a leerla.
“Estación de
Fuendetodos, un automóvil de color negro le estará esperando. Al bajar del
automóvil recibirá mas indicaciones.”
¿Qué iba a hacer? No sabía a dónde me llevaba este tren así
que decidí seguir las instrucciones de
la nota. Pregunté a un controlador el número de paradas que quedaban para
“Fuendetodos”, y éste respondió que 5, unos 25 minutos. Volví a dormirme un poco, pero por suerte me
desperté con la voz de:
“Próxima
parada, estación de Fuendetodos”
Por fin llegué a Fuendetodos, estaba algo nervioso, pero
cogí mi maleta y bajé del tren. Ahí estaba el “automóvil” de color negro
esperándome, en realidad, era un taxi. Metí la maleta en el capó, me adentré, y
el conductor me dijo:
-
Ya sé su destino y está todo pagado. Siéntese y
duerma.
La verdad es que el conductor tenía razón, era la una de la
madrugada, y me había pasado todo el día viajando, estaba cansado y necesitaba
dormir.
Tras dormir alrededor
de dos horas, me desperté y todavía estaba en el taxi y le pregunte al conductor:
-
Disculpe, ¿cuánto queda para llegar?
-
Unos minutos, en nada ya estamos.
La noche era muy cerrada y había una intensa niebla, no
podía ver dónde estaba pero si podía escuchar el ruido de algunos camiones y
ver luces dispersas que parecían linternas.
El taxista me dijo que ya habíamos llegado. Y me dio él mismo otra nota
que decía:
“Dirígete a las oficinas de la mina”
Bajé del taxi y pude ver una gran mina, lo que daba sentido
a que la nota tuviese manchas negras, eran de carbón. Cogí mi maleta y me
dirigí hacia las oficinas. Al llegar, un mayordomo me indicó a qué despacho
tenía que ir. Entré, y vi a un hombre trabajando delante de su ordenador.
-
Por favor, siéntese –me dijo
-
Sí, muchas gracias.
-
Bueno, supongo que no sabrá porque
está aquí, ¿no?
-
Así es –contesté
-
Soy el compañero de Jan, lo mataron
ayer y por eso no pudiste entregarle la maleta.
-
Ah! Si, me lo dijo ayer el comisario
Gorin. ¡Que gran desgracia! Pero, ¿Qué lleva esta maleta para que tanta gente
vaya detrás de ella?
-
No te lo puedo decir, tú dámela y márchate.
-
No me pienso marchar de aquí hasta
que no me diga qué contiene –contesté yo
-
No me obligue...
-
¿A qué?
¡PUM!, escuché un fuerte disparo,
disparo por la espalda, pensé. Se me comenzaron a nublar los ojos, y en ese
poco espacio de tiempo vi como el director de la mina, sacaba del doble fondo
de la maleta kilos y kilos de cocaína. Total, yo había sido un pobre transportista
de droga sin saberlo, droga que era utilizada para proporcionársela a los
mineros. Negocio, en el cual hasta la policía estaba involucrada.
Finalmente me desplomé sobre el
suelo y pasaron unos segundos hasta que mi corazón paró de latir.
Jorge Fco. Martín Cavero
2ºBach. Literatura Universal
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