domingo, 24 de noviembre de 2013

No solo sufre un cuerpo (Lola Gómez)

Siempre lo mismo.
Enciendes el televisor, abres el periódico o escuchas por la radio el mismo discurso: ''son X mujeres las que sufren de maltrato doméstico en España. Se calcula que para 201...''
Mentira. Son más. Siempre son más.
Creen que una mujer no es maltratada hasta que hay pruebas físicas de ello, porque humillar no es un delito como tal. 
No hay nada peor que la impotencia, que te hagan sentir como si no valieras nada y que da igual lo que hagas o cómo te esfuerces porque nadie va a valorarte más. 
Pero por supuesto, decir algo al respecto es inútil. Imagínense a una mujer hablando acerca de los comentarios de su marido, tachándolo de maltrato. Lo primero que obtendría esa mujer por respuesta serían risas, bromas al respecto e incluso habría quien la tachara de feminista porque siempre damos más importancia al envoltorio, al cuerpo; cuando a veces la moral es la que está magullada hasta no poder más.
Por supuesto que el maltrato físico es un inaudito problema; solo digo que nadie se preocupa de mirar más allá, que no se necesita sangre para sufrir.
Siendo realistas, nunca se conseguirá una igualdad total entre hombres y mujeres, eso es un hecho. El problema está en que nadie se esfuerza en hacer las distancias más cortas.
Realmente creo que el maltrato psicológico (que luego puede derivar en físico) radica en la falta de autoestima, la necesidad que tiene el hombre de sentirse poderoso, el rey de la manada y el miedo a la decepción por verse igualado por alguien que lleva toda su vida siendo considerada como menos.
Es fácil insultar y creer que una persona está por debajo de ti. No conviene cambiar las cosas.
Y podremos crear un día en contra de la desigualdad de género, podremos vestirnos de naranja y hacer manifestaciones, pero no va a cambiar nada hasta que cada mujer individualmente deje de mirar hacia arriba y cada hombre de mirar hacia abajo. Aunque cueste. Aunque sea más fácil hacer lo que llevamos toda la vida haciendo y nosotras limitarnos a dejarnos llevar y solo levantar la voz cuando ya sea demasiado tarde.

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